sábado, 31 de marzo de 2012

Un lamento de los judíos estadounidenses

Un lamento para los judíos estadounidenses



Dentro de los pasillos del poder, ahí nos sentamos y lloramos





Las elecciones son para los grupos de interés lo que la espinaca es para Popeye. Así que no sorprendió que en la conferencia anual de políticas del Comité de Asuntos Públicos estadounidense-israelí (AIPAC, por sus siglas en inglés) a comienzos de este mes produjera la condescendencia de siempre. Barack Obama, con el proceso de paz árabe-israelí en un punto muerto, dijo que cuando las cartas estén sobre la mesa, “estaré con Israel”. Cuando el mensaje por video de Mitt Romney comenzó, un extraño mensaje de Twitter se preguntaba si el candidato republicano realizaría su ceremonia de asunción desde Jerusalén. En el evento, Romney solo prometió hacer de Jerusalén su primer punto de escala como presidente.



Sin embargo, recientemente, el poderoso AIPAC se ha tenido que enfrentar con un oponente irritante: un competidor pequeño, pero tenaz. El 24 de Marzo, un grupo distinto de judíos estadounidenses se reunirá en el centro de Washington DC en la conferencia de la organización conocida como J Street (la calle judía). J Street está creciendo, aunque aún es un "enano" para los standards del AIPAC. Hasta ahora, tiene alrededor de 50 panelistas y ha sumado al ex primer ministro israelí, Ehud Olmert, como el panelista más importante de la semana próxima.



Los miembros de J Street son pacifistas, siempre avocando la solución de dos estados. El AIPAC sostiene que es neutral en cuanto a la política israelí, aunque se inclina claramente por el Likud. Los integrantes de J Street se preocupan por los palestinos sin estados y por el daño que les ocasiona en sus vidas diarias la ocupación israelí de la Ribera Occidental.



La cuestión actual en el AIPAC es cuándo enviará Obama sus bombarderos para desalentar las ambiciones nucleares iraníes. A primera vista, esto parece una discusión sobre política exterior. Pero, ¿Y si hay algo más en juego, el futuro mismo de los judíos estadounidenses?



Entra al escenario Peter Beinart, un politólogo y ex editor del semanario liberal (y pro-Israel) New Republic. En J Street, la próxima semana, hará el lanzamiento de un libro, “The Crisis of Zyonism” (“La crisis del sionismo"), que ya ha provocado una gran controversia.



Esto es así porque, a pesar de ser un sionista apasionado, el Sr. Beinart quiere salvar la democracia de Israel a través del abandono de la Ribera Occidental. Es por esto que en el libro- y, provocativamente, también en un editorial del diario The New York Times-

pide a los judíos estadounidenses que comiencen a llamar a la Ribera Occidental "el Israel no democrático" y a que presionen por un boicot en los asentamientos israelíes en la Ribera. Haciendo esto, argumenta, los judíos estadounidenses que apoyen a Israel pero no la política de asentamientos, harán una distinción muy importante.





Esto es, francamente, lo último que necesita J Street. A la organización ya le resulta difícil convencer a potenciales partidarios de Israel de que J Street apoya a Israel. Su prudente fundador, Jeremy Ben-Ami se ha distanciado rápidamente de las afirmaciones de Beinart y que el embajador de Israel en Estados Unidos, Michael Oren, también ha criticado con dureza. Oren desestimó por Facebook las afirmaciones del Sr. Beinart por estar “demasiado lejos del pensamiento dominante sobre Israel”.



Sin embargo, aunque la idea del boicot es lejos de ser brillante, el libro no es para nada malo. Aunque es un poco ingenuo en cuanto a las intenciones de los árabes para con Israel, la parte interesante del libro no es lo que dice acerca del conflicto árabe-israelí. La parte más importante es la que se refiere a lo que este conflicto ha provocado en los judíos estadounidenses.



El Sr. Beinart resalta que muy pocos judíos han hecho del liberalismo una parte central de su identidad. Por cerca de un siglo, los judíos estadounidenses han votado abrumadoramente por el Partido Demócrata. En 2004, cuando fueron consultados sobre qué era lo que definía mejor su identidad judía, la cantidad que eligió “la justicia social” fue igual a la suma de la que eligió "la observancia religiosa" y de la que eligió "el apoyo de Israel". En 2008, los judíos estadounidenses votaron en una proporción de dos a uno respecto de los cristianos blancos. Entonces, se pregunta Beinart, ¿Cómo hizo una comunidad judía famosa por su liberalismo para crear un liderazgo tan renuente a defender la democracia en el estado judío?



Su respuesta es que el establishment judío actual no nació del liberalismo judío estadounidense, sino que fue una reacción contra aquél.



El argumento es el siguiente. Luego de la victoria de Israel en la Guerra de los seis días en 1967, el sionismo llegó a su punto máximo en Estados Unidos. Pero en los años 1970, Israel empezó a ser visto por muchos alrededor del mundo, y por sectores de la izquierda en Estados Unidos, como un matón. Para corregir esto, algunos líderes de la comunidad judía estadounidense llegaron a pensar que debían recordarles a sus hermanos judíos y al mundo de que los judíos eran víctimas. La victimización, unida a un nuevo énfasis en el Holocausto, desplazó al liberalismo como "la ideología decisiva de la vida judía organizada".



Fuera el liberalismo, entrada del tribalismo



Esta, en cualquier nivel, fue la dirección en la que se movió el establishment judío organizado. Pero este no fue el caso de la mayoría de los judíos estadounidenses, especialmente los más jóvenes. Sintiéndose menos combativos, muchos han redireccionado sus energías desde organizaciones específicamente judías hacia, por ejemplo, la Organización por las libertades civiles de Estados Unidos y la Organización Nacional de Mujeres. En la cuestión de Israel y en muchas otras, los judíos estadounidenses están bien a la izquierda del ámbito ideológico de las organizaciones que, tales como el AIPAC y la Conferencia de Presidentes de Organizaciones Judías, dicen representarlos. Desafortunadamente, señala el Sr. Beinart, ya que estas organizaciones están apoyadas por un pequeño número de donantes ricos y que no rinden cuentas a la comunidad.



Para el Sr. Beinart, esto constituye una tragedia. Organizaciones judías serias, como la Liga contra la difamación, desgarradas entre su liberalismo fundador y el nuevo código Israel ¿correcto o incorrecto?, han perdido de vista sus objetivos. El Sr. Obama, un ferviente defensor del liberalismo judío que tomó de muchos amigos judíos y mentores en Harvard, es calumniado como el enemigo de Israel. Muchos judíos estadounidenses jóvenes se están casando en matrimonios no judíos, mientras que otros se han alejado, alienados por el sionismo y de esta forma cediendo el control de las organizaciones judías a una minoría ortodoxa mucho menos comprometida con la democracia en Israel.



El Sr. Beinart sostiene que los judíos estadounidenses deben redimirse tanto a sí mismos como a Israel rededicándose a sí mismos hacia el carácter ético de Israel: “Deben poder ver su propio honor unido con el honor del estado de Israel. A diferencia de lo que piensa el Sr. Oren, muchos israelíes, asustados como están tanto de los misiles de Hezbollah como de la amenaza nuclear iraní, se sienten de la misma forma que Beinart. Sin duda, el Sr. Beinart será desechado como un autoproclamado Isaías con un libro que está intentando vender. Sin embargo, el sentimiento es noble y el mensaje merece ser oído.


http://www.economist.com/node/21551055

martes, 27 de marzo de 2012

La política y los asesinatos de Toulouse

La política y los asesinatos de Toulouse



Después del terror





La campaña presidencial francesa ha quedado, esta semana, mayormente en espera. El extraordinario tiroteo de esta mañana por parte de policías de una unidad elite de operaciones especiales, luego de un sitio de 32 horas, concluyó con la muerte de Mohamed Merah, el terrorista sospechoso de haber llevado a cabo las muertes de la semana pasada. Esto pone punto final al drama.



¿Cómo afectará esto a la campaña presidencial? Los candidatos ya están volviendo al ruedo. Francois Hollande tiene programado un acto esta noche en Aurillac, en Auvergne. Este es un territorio conocido para Hollande, ya que se encuentra muy cercano a Corréze, el departamento rural del que él es presidente.



Nicolas Sarkozy se dirigirá al este de Francia para su propio acto, en Estrasburgo, sede del Parlamento Europeo. El tema oficial será “Francia y Europa”. Pero sin duda utilizará la ocasión para hablar de seguridad y de contraterrorismo. Sarkozy ya ha anunciado esta mañana una serie de medidas drásticas. Estas incluyen convertir en delito el visitar sitios de Internet que defiendan el terrorismo o inciten a la violencia, una propuesta que, en tiempos normales, habría tenido a los socialistas saltando de indignación.



Podría ser, sin embargo, demasiado temprano para juzgar el posible impacto político de los asesinatos de la semana pasada. No obstante, mi sensación es que podría llegar a afectar más la primera vuelta de las elecciones que la segunda. Éstas son las razones.



El Sr. Sarkozy ha realizado un notable trabajo frente a los eventos de la semana pasada, luciendo seguro y solemne, pero también mostrando la nota justa de empatía. Frente a toda esta demostración de un hombre de estado, Hollande se ha visto reducido a una muy pequeña parte, diciendo siempre las palabras justas pero desde las sombras.



En un momento de incertidumbre y drama nacional, el actual mandatario tiene una ventaja injusta. Y es en las crisis cuando Sarkozy se siente más seguro, tal como se vio durante la crisis de los bancos y el conflicto entre Rusia y Georgia en 2008. La última encuesta de hoy realizada por CSA de hecho coloca a Sarkozy delante de Hollande en la primera vuelta, con un 30% frente a un 28%.



El problema para el Sr. Sarkozy es cómo construir sobre este resultado en el balotaje. Muchas de las personas con las que hablo fuera de Francia parecen asumir que aquellos votantes que en la primera vuelta voten por Marine Le Pen, la candidata del ultraderechista Frente Nacional, se inclinarán por Sarkozy en el balotaje. Sin embargo, como traté de explicar recientemente en una nota, Le Pen es apoyada igualmente por votantes de extrema izquierda como de extrema derecha.



De hecho, para alcanzar el 50% en el balotaje, Sarkozy necesita obtener dos tercios de los votos de la señorita Le Pen, como así también dos tercios de los votos del centrista Francois Bayrou. Si uno juzga por los números en una encuesta reciente de LH2, Sarkozy aún está lejos de esos números: le dan un 44% de los votos de la señorita Le Pen y tan solo un 14% de los votos de Bayrou.

The Economist, 22 de Marzo de 2012



Link del artículo: http://www.economist.com/blogs/elysee/2012/03/politics-and-toulouse-shootings