viernes, 19 de agosto de 2011

Dame una vez más



Dame una vez más

Los adictos siempre ruegan por una dosis más. Con la caída de las bolsas las últimas dos semanas, los inversores esperaban que la Reserva Federal presentaría una nueva ronda de “aliviamiento cuantitativo”, es decir, la creación de dinero para apuntalar los precios de los activos, el martes 9 de agosto. La segunda ronda de anuncios, presentada en agosto del año pasado, había provocado un gran aumento de los valores accionarios a finales de 2010.

En vez de heroína pura, los inversores recibieron metadona en la forma de un compromiso de la Fed de mantener las tasas de interés en sus actuales bajos niveles por dos años más. A pesar de que Wall Street tuvo un repunte tardío en el mismo día (el Dow Jones subió 430 puntos, o 4%) el movimiento de la Fed solo trajo un breve respiro. Los mercados volvieron a caer el jueves.

Se dio una reacción más sostenida en Europa, con las acciones tomadas por el Banco Central Europeo, el cual comenzó con la compra de bonos italianos y españoles el 8 de agosto. Aunque se desconoce la extensión del programa de compra de bonos, el efecto fue contundente. El rendimiento de los bonos españoles a diez años cayó de 6% a 5% en solo dos días.

Por lo menos, la acción de los bancos centrales está teniendo un efecto positivo que es, no obstante, temporal. Los políticos, mientras tanto, han dejado a los inversores con serias dudas acerca de su capacidad para manejar la crisis.  Los dirigentes europeos han pasado de una primera instancia de negación respecto de la gravedad de la crisis de la deuda soberana de la región a otra instancia de medidas poco planificadas a medida que la crisis se expandía. Los dirigentes estadounidenses, por su parte, coquetearon con la posibilidad de un default antes de lograr un acuerdo que ni ayuda a la economía en el corto plazo ni tampoco ni que tampoco hizo lo suficiente por ayudar a mejorar las finanzas del gobierno en el largo plazo.

Peor aun, sus propuestas para salir de la crisis han parecido caóticas. "Los inversores han terminado apostando a que el resultado político sea lo opuesto de tomar decisiones sobre la base de cuestiones fundamentales”, señala Ian Harnett, de Absolute Research Strategy, una consultora.

Efectivamente, se ha dado un efecto inevitable sobre la confianza de los inversores. De acuerdo con el barómetro global de negocios de The Economist/FT, una encuesta de la confianza en los negocios, el riesgo político es la segunda mayor preocupación (primero está la economía) para los ejecutivos. Entre mayo y julio, la proporción de hombres de negocios que esperaba que mejoraran las condiciones globales en los próximos 6 meses descendió de 38.3% a 23.2%; y el porcentaje de aquellos que esperaban un empeoramiento aumentó de 19% a 33.7%.

Además, el compromiso de mantener bajas las tasas de interés por parte de la Fed es un signo de su preocupación por la economía, difícilmente una señal optimista para los inversores. Para cuando llegó a su punto máximo este año el 29 de abril, el índice S&P 500 había duplicado su valor desde su punto más bajo en marzo de 2009. Un retroceso simplemente era esperado, especialmente porque los rendimientos de los bonos de los gobiernos (fuera de la periferia de la eurozona) han estado cayendo en los últimos meses, creando preocupación acerca del futuro de la economía.

Malos augurios

La aversión al riesgo también se ha manifestado en el precio del oro, que ha alcanzado repetidas alzas, y en la fuerza del franco suizo, que llegó a un récord en relación al dólar el 9 de agosto, a pesar de los esfuerzos del Banco de Suiza por depreciarlo.

Por el contrario, los precios de otras materias primas han caído hasta un 12% desde el 26 de abril. Esto puede representar algo positivo para las economías desarrolladas, ya que los altos precios de las materias primas han actuado como un impuesto sobre los consumidores.

Menos positiva fue la caída de las acciones de los bancos, que han tenido un pobre rendimiento en el mercado general este año. El 8 de Agosto, Citigroup y Bank of America cayeron 16% y 20% respectivamente. Nuevas caídas en las acciones bancarias el 10 de agosto llevaron las pérdidas de Bank of America a 49% en lo que va del año, entre preocupaciones de que el banco necesita una inyección de capital.

Mientras tanto, los grupos del mercado financiero estadounidense están menos dispuestos que nunca a comprar deuda bancaria europea. En otro signo de preocupación, las acciones de Société Genérale, un banco francés, cayeron 15% el 10 de agosto; las de Intensa Sanpaolo, un banco italiano, cayeron 14%; y el costo de asegurar contra defaults europeos se incrementó profundamente. También ha habido una suba moderada en la diferencia o margen de beneficio entre los costos de los préstamos de los bancos europeos y de los gobiernos, aunque no es una brecha como la que hubo en 2008, cuando prácticamente se dejó a los bancos fuera de los mercados.

En los mercados de bonos corporativos, las ganancias sobre dichos bonos pagadas por prestatarios de confianza y también por prestatarios especuladores llegaron a su punto más alto este año. Estas ganancias se han producido no tanto por la caída de los rendimientos de los bonos de los gobiernos, sino más bien por el aumento de los rendimientos de los bonos corporativos.

Ciertamente, con el compromiso de la Fed de mantener las tasas de interés cercanas a cero, los rendimientos de los bonos del tesoro estadounidense están en un punto increíblemente bajo en relación a niveles históricos. El gobierno estadounidense está pagando tan solo un 0.9% por pedir prestado dinero a cinco años. Esas tasas recuerdan misteriosamente a las de Japón, donde los rendimientos de bonos han estado en niveles muy bajos en la última década en vistas de un muy pobre crecimiento.

Tales tasas recuerdan la tesis de la "era de hielo" de Albert Edwards, un estratega de Société Genérale que ha predicho desde hace tiempo una contracción de la economía de los países desarrollados similar a la de Japón desde finales de los años 80. "Las montañas insostenibles de deuda privadas fueron transferidas al estado en la crisis de 2008 para evitar el ajuste a una realidad parecida a la de la Gran Depresión que la crisis inevitablemente habría provocado", señaló Edwards en su última nota de investigación. "Sin embargo, esas deudas son tan insostenibles en manos del sector público como del privado”. Edwards espera que los rendimientos de los bonos del tesoro a diez años se reduzcan hasta 1.5% (actualmente están en 2.1%) antes de que la “era de hielo” termine.

Si la crisis económica continúa, es posible que la Fed se vea obligada a utilizar medidas de política económica más agresivas, en la forma de aun más “aliviamiento cuantitativo” más adelante este año. Pero muchos observadores creen que, como ocurrió con la última ronda de aliviamiento cuantitativo, tan solo tenga un impacto temporal. “El aliviamiento cuantitativo ayudó a aumentar los precios de las acciones, pero esos aumentos estaban basados en la esperanza de una recuperación que no ocurrió”, dice Stephen King, economista jefe de HSBC. Eventualmente, los mercados tendrán que despuntar el vicio

Link del artículo: http://www.economist.com/node/21525935

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